MiraCuenca.net

Rutas por la provincia

RUTAS EN LA PROVINCIA
Por las Sierras Altas.
He aquí un itinerario completo a través de los paisajes y rincones más espectaculares del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, declarado el 8 de marzo de 2007. La ruta por el Parque Natural de la Serranía de Cuenca, y su continuación hacia las altas sierras, es una ruta verde por excelencia.
Nuestra ruta arranca de Cuenca para, tras una pequeña parada en el mirador natural del Ventano del Diablo, continuar hasta la Ciudad Encantada, maravilla geológica, ejemplo paradigmático de paisaje de erosión kárstica.
Una hora y media nos permitirá descubrir a pie un lugar con algo de mágico, al que la fama no ha restado encanto. Tras ella, adentrándonos en la montaña de Cuenca, podremos hacer una pequeña parada en la Laguna de Uña, al lado del pueblo del mismo nombre, para continuar pasando por el área recreativa del Molino de Juan Romero, o subiendo a Huélamo y a su castillo, desafiante desde las alturas.
Siguiendo por la carretera llegaremos hasta Tragacete, pueblo típico de la sierra, en el que encontramos un interesante recorrido (PNSC S06), de unos 20 minutos, y que nos lleva a la Cascada  del Molino de la Chorrera y a su impresionante mirador.
Continuando por la carretera principal, llegaremos a las cascadas de toba del Nacimiento del Río Cuervo, Monumento Natural, hencDesde ahí, atravesando parajes pertenecientes al Parque Natural del Alto Tajo, nuestra ruta discurrirá a más de 1.600 metros de altura hasta descender hasta Beteta, capital comarcal, con un añejo conjunto urbano, soberbia parroquial gótica y castillo que fue de los condes del lugar. A unos pocos kilómetros del casco urbano, podemos acercarnos a la Laguna del Tobar,  y contemplar el juego de reflejos sobre sus aguas límpidas y oscuras. O quizás, acercarnos a la diminuta localidad de Cueva del Hierro, donde las gentes exhiben orgullosas su mina, explotada desde tiempos romanos y hoy habilitada para visitas turísticas.hidas de agua de deshielo en primavera.
Pero la primera maravilla de Beteta es su Hoz. Entre acantilados verticales de más de 80 metros de altura, el río Guadiela se sume en aterradoras cortaduras, flanqueadas por una vegetación lujuriante. Centenares de especies crean una atmósfera de sombra y humedad a los pies de los farallones, donde anida una nutrida buitrera. La Hoz de Beteta es accesible por su Paseo Botánico, recorrido senderista de una hora de duración.
Tras él, si aún nos resta día, no hay que perderse el magnífico pasillo del Estrecho de Priego, donde el río Escabas rompe la última dorsal serrana para adentrarse ya en tierras alcarreñas. Y en tierras entre la sierra y la Alcarria entraremos nosotros ya retornando a Cuenca, con parada casi obligada en Priego, serrano y alcarreño a la vez, monumental y artesano. Mucho tiene Priego que enseñar, pero no hay que perderse su Plaza Mayor, su soberbia iglesia renacentista y el convento de San Miguel de las Victorias sobre el Estrecho, en un lugar más propio de águilas que de fundaciones humanas, recuerdo de la participación de la villa y sus hijos en la más grande ocasión que vieron los siglos.
Otro recorrido alternativo y muy atractivo para realizar con coche es el recorrido entre Villalba de la Sierra y Las Majadas (CU-V-9113), donde podremos visitar Los Callejones de las Majadas, caprichosos laberintos de piedra, disfrutar de las vistas desde el Mirador del Tío Cogote o subir más hacia el norte por la pista forestal hasta el área recreativa de la Fuente de la Tía Perra o el Mirador del Reloj.
La vuelta hacia Cuenca puede realizarse por donde iniciamos la ida (CM-2105) o como alternativa interesante retornar por la CM 2104, de igual belleza, recorriendo la hoz por otro lado y pasando por Valdecabras, curioso pueblo muy cercano a Cuenca.
Castillos, casonas y molinos.
Ruta patrimonial por excelencia de la provincia de Cuenca es ésta, que atraviesa llanuras y sierras manchegas impregnadas de historia y marcadas por la impronta literaria del hidalgo inmortal. Conjuntos históricos y monumentos apabullantes jalonan un itinerario donde el paisaje, pese a lo que pudiera parecer, dista de ser monótono. Un itinerario largo y denso, como el alma de las tierras de la Mancha.
Para nuestra ruta más larga en kilómetros abandonaremos la capital por la carretera de Madrid hasta la localidad de Carrascosa del Campo, donde haremos nuestra primera parada breve para admirar la iglesia parroquial, Monumento Nacional, a caballo entre el gótico y el renacimiento.
No mucho más allá queda Uclés, primera parada seria. Mucho habría que ver en esta localidad, pero la estrella indiscutible la habremos atisbado ya desde muy lejos: el gran monasterio de la Orden de Santiago, cabeza de lo que fue poderoso estado dentro del estado durante ocho siglos. Al monasterio de Uclés, gigantesca acumulación de estilos arquitectónicos, se la han aplicado los más contundentes calificativos, pero dejaremos a nuestro viajero que deambule por sus colosales dependencias y opine por sí mismo.
Poco más de una hora podremos quemar en Uclés, porque otra maravilla nos espera cerca: la ciudad romana de Segóbriga, Parque Arqueológico, además del conjunto urbano de la Romanidad mejor conservado de toda la zona centro española, con un catálogo de edificios que incluye teatro, anfiteatro, termas monumentales, foro, basílicas y templos… más un moderno centro de interpretación. En Segóbriga transcurrirá buena parte de lo que nos queda de mañana, si no toda. Y bien que merece la pena.
De ahí en dirección sur nos dirigiremos hacia Belmonte siguiendo el espinazo verde de la Sierra de Almenara, la mayor dorsal montañosa de la Mancha de Cuenca, que no es tan plana como quieren las crónicas. En lo alto, una impresionante fortaleza, el castillo de Almenara, obra de los viejos caballeros santiaguistas. Si el viajero cuenta con tiempo, no se privará de subir hasta los desmochados muros de lo que fue arrogante máquina de guerra, el mayor de los castillos provinciales, arruinado por la explosión de una mina francesa durante la guerra de la Independencia. Impresionará acaso el patetismo del lugar, y mucho más las fenomenales vistas, sin duda la mejor perspectiva de toda la Mancha conquense.
Tras la bajada, una rápida carrera ya hasta Belmonte, donde nos esperan castillo y colegiata, entre una decena larga de monumentos en un conjunto histórico compacto y bien conservado. Del siglo XV son ambos monumentos, exponentes de la megalomanía del mayor magnate de la Castilla del momento, el cuasi legendario Juan Pacheco, marqués de Villena.
Sumergidos en la historia y el patrimonio belmonteños probablemente acabará nuestro viaje de hoy, retornando directamente a Cuenca, pero si el viajero se ha saltado alguno de nuestros hitos, o aún le resta tiempo, puede acercase algo más allá a contemplar los molinos de Mota del Cuervo, con siete estupendos ejemplares o, ya de vuelta a Cuenca, para en el pequeño conjunto de Villaescusa de Haro, con fenomenal colegiata, universidad frustrada y buen puñado de casas solariegas; o pasearse bajo los muros del Castillo de Garcimuñoz, maciza y sombría fortaleza artillada, en cuyo asedio por la reina Isabel encontró la muerte Jorge Manrique, el de las Coplas.
No podríamos finalizar esta monumental ruta sin mencionar la localidad de Alarcón, pueblo que se consolida para la Historia como una fortaleza árabe, tributaria del Reino de Toledo. Dentro del amplio conjunto histórico-artístico de esta villa podemos destacar la antigua fortaleza que,si por árabe nació a la Historia, por cristiana supo resistir el paso de los tiempos. Alarcón es, así, como un apretado nudo de complejas idas y venidas de la Historia; De muchas y muy maravillosas hazañas, intrigas, osadías y glorias y penurias fue callado testigo este Alcázar primero, Castillo de Alarcón luego y hoy Parador.
Y, por ello, justamente, fue llamado, por unos y por otros, “Fortaleza”… De la geografía de este Alcázar nada cabe decir que el viajero no haya advertido ya. Tal vez recordar que es el Júcar el río que envuelve, ensortija y protege al antiguo Alcázar. Quizá decir, que la fortaleza siempre estuvo como está, defendida por tres puertas de muralla y protegida por fosos y torreones. Por aquellos entonces, desde este Castillo/Fortaleza, hoy Parador, se defendían, gobernaban, administraban, tan anchos territorios que “tenían una buena parte de La Mancha y sus fronteras terminaban más alla de la villa de Albacete…” entre guerras y treguas quedó margen para amores, amoríos, pactos, conspiraciones… Este Castillo sirvió por aquellos tiempos de morada e inspiración literaria del Infante Juan Manuel y fue aquí donde escribió parte de su obra, a la par que se ocupaba activamente de sus asuntos patrimoniales.
La Manchuela Conquense.
Dentro de la enorme comarca manchega, se conoce como Manchuela a la porción más oriental, surcada por el Júcar y su afluente el Cabriel. Una zona tradicionalmente de paso, todavía poco frecuentada, pero de un gran atractivo y fortísima personalidad, por la que discurre el tercero de nuestros itinerarios, equilibrado entre el patrimonio histórico y monumental y los recursos medioambientales.
Para comenzar nuestra ruta, hemos de salir de Cuenca en dirección sureste hasta la pequeña localidad de Arcas, donde podremos clavar un rápido vistazo en la pequeña y encantadora iglesia románica, de comienzos del siglo XIII y una de las mejores muestras del estilo en la provincia.
De ahí, el itinerario nos conducirá unos kilómetros más allá a la ciudad romana de Valeria. La vieja Valeria nos hará detenernos más o menos una hora, contemplando entre otros, los vestigios del foro y el ninfeo, el más grandes de los conservados en el mundo romano. Y bajo los muros quebrados de Valeria comienza la última garganta serrana, puerta de las llanadas manchegas: la Hoz del río Gritos, de gran riqueza ornitológica, que atravesaremos en nuestra ruta.
Más allá nos adentraremos por fin en la Manchuela: suaves colinas de colores rojizos y ocres, pobladas aquí y allá por pinares y encinares. No tardaremos mucho en llegar a Alarcón, imponente Conjunto Histórico Artístico enclavado en el corazón de las Hoces de Alarcón, talladas por el río Júcar. Estamos ante el enclave artístico mejor conservado después de la ciudad de Cuenca. Cuenta con un bellísimo castillo de origen árabe-actual Parador Nacional de Turismo-, cuatro iglesias, un buen número de casas blasonadas y el palacio del Concejo del s.XVI. La Iglesia de Santa María, Monumento Nacional, una joya del Renacimiento español que guarda obras de Esteban Jamete de Orleans. La antigua y desacralizada  iglesia de San Juan, en la plaza mayor, custodia el proyecto artístico de las PINTURAS MURALES DE ALARCÓN, de Jesús Mateo. Una obra de arte contemporánea que cuenta con el patrocinio de la UNESCO que las declaró, en 1997, de interés artístico mundial. Arrabal, Saramago o Sábato, entre otros muchos, han admirado y escrito sobre esta obra de arte. A los pies de la villa un recorrido senderista de una hora nos permitirá conocer las Hoces y el recinto amurallado medieval de Alarcón.
Continuando nuestro viaje, las rutas manchueleras nos llevarán a Villanueva de la Jara, conjunto histórico, con soberbia parroquia, sabrosa Plaza Mayor e infinidad de casonas solariegas, amén del último cenobio carmelita fundado por la santa andariega, Teresa de Jesús.
Para nada sería desaprovechar tiempo emplear toda la tarde en la visita a Villanueva, y retornar de ahí a Cuenca, pero el viajero inquieto todavía podrá encontrar en la Manchuela, y a pocos kilómetros, la hermosa localidad de Iniesta, de orígenes ancestrales y magnífico museo de la cultura ibérica; o, ya en el límite con Valencia, la Reserva Natural de las Hoces del Cabriel.
La Serranía Baja.
He aquí una ruta a través de la Serranía de Cuenca menos conocida que el circuito clásico Ciudad Encantada – Nacimiento del Río Cuervo, pero sin desmerecer nada a éste. Un recorrido mágico donde medio ambiente, arte e historia se mezclan a partes iguales, para un día largo y denso.
Partimos de Cuenca por la carretera de Teruel hasta tomar el desvío en el kilómetro 11 que nos llevará hasta las Torcas de Palancares, dentro del Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta. Las Torcas son dolinas de hundimiento tectónico, de dimensiones colosales, provocadas por la acción de las aguas subterráneas sobre los estratos calizos. De los dos recorridos posibles realizaremos el corto, que nos ocupará algo menos de una hora.
De las Torcas tomaremos un carril de tierra en buen estado (practicable para todo tipo de vehículos) que nos llevará en seguida a través del monte de Los Palancares hasta el siguiente hito de la visita, las Lagunas de Cañada del Hoyo. Aquí el recorrido es todavía más breve, de poco más de media hora, contemplando el insólito espectáculo de los espejos de agua circulares en el fondo de los profundos desplomes, con juegos oníricos de colores y reflejos. Visitaremos tres lagunas, incluida la del Tejo (la de mayor tamaño) y dejaremos las otras cuatro existentes para acaso una posterior visita más sistemática.
Tras ambas paradas, retornaremos a la carretera de Teruel por el pueblo de Cañada del Hoyo, ojeando desde lejos su castillo, fortaleza del siglo XV casi restaurada ya. Una vez en la nacional, seguiremos viaje, acaso con una parada rápida en la localidad de Carboneras de Guadazaón, junto a la carretera, para admirar un minuto la portada gótico-flamígera del Convento del Santa Cruz, antiguo panteón de los Marqueses de Moya y comienzo del viejo Marquesado.
Desde ahí, con un paisaje cada vez más boscoso y ameno, buscaremos el río Cabriel, algo más allá de la localidad de Pajaroncillo. La Hoz del Cabriel, con la corriente encajonada entre sugerentes paredes de arenisca rodena, es un espectáculo digno de bajar las ventanillas del coche mientras la recorremos con calma al compás de nuestra ruta. Y para los más aventureros y madrugadores, recomendamos una parada a mitad de la garganta para visitar las Corbeteras de Pajaroncillo, formas caprichosas de erosión de la arenisca rosada, rodeadas de decenas de túmulos de una necrópolis celtíbera que hacen del entorno un lugar extraño, sagrado, a apenas unos cientos de metros de la carretera. El paraje no está señalizado, así que conviene informarse antes brevemente en Pajaroncillo o en Carboneras. El paseo requerirá unos 45 minutos aproximadamente.
Y de ahí a Cañete, donde llegaremos más o menos a la hora de comer con la satisfacción del deber cumplido si hemos sido capaces de cumplir el itinerario de la mañana. Cañete tiene una variada oferta gastronómica para todos los paladares y todos los bolsillos. Y tras el buen yantar, un recorrido por la villa, Conjunto Histórico-Artístico, visitando las murallas islámicas (completas) con sus puertas en recodo, sus dos iglesias, su Plaza Mayor, sus callejuelas y recovecos. Y para los más audaces, la corta pero vertiginosa ascensión a su castillo, la vieja alcazaba musulmana, varada como un gran barco de guerra, batida por los siglos, muchos metros por encima de los tejados. Desde arriba, la vista nos quitará el hipo. Y todavía tiene más Cañete: sus museos, el paraje del Postigo… No tengamos miedo de demorarnos dos o tres horas, porque la última visita del día pide hacerse en la hora del crepúsculo, y tenemos por delante una larga tarde de verano. Cañete cuenta en verano con Oficina de Turismo, con toda la información necesaria.
Dejando atrás Cañete, seguimos nuestra ruta en dirección a Moya (a 40 kilómetros) a través de las localidades de Salinas del Manzano, Salvacañete, El Cubillo, Algarra (espectacular la ubicación del pueblo) y Santo Domingo de Moya. Esta ruta es apenas más larga de la que utilizaremos para la vuelta, pero mucho más hermosa.
A lo lejos, de tanto en tanto, se irá columbrando Moya, la ciudad muerta, lanzando a los cielos sus estructuras ruinosas en la cumbre de un escarpado cerro, aislada, barrida por el tiempo, las guerras y la incuria de los hombres. El espectáculo es de los que sobrecogen al más pintado. Tuvo Moya varios miles de habitantes, seis parroquias, tres conventos, castillo, hospital, doble perímetro defensivo y una tradición de pujanza y gloria que atraviesa los siglos. Nada queda salvo un enorme campo de ruinas, espectacular a la luz del sol poniente. Recomendamos una precaución elemental al recorrer las ruinas. En la actualidad se están llevando a cabo importantes obras de restauración que afectan a varias puertas de la muralla. Informarse en el último pueblo (Santo Domingo de Moya, sede municipal) sobre accesos al recinto.
Tras la visita, ya con poca luz, retornaremos a Cuenca siguiendo el itinerario Landete, Campillos-Paravientos, Boniches, Carboneras de Guadazaón.
La Alcarria Conquense.
Nuestra ruta recorrerá tierras alcarreñas de Cuenca de sur a norte, desde los confines manchegos hasta el límite provincial, junto a la Alcarria de Guadalajara.
Saldremos de Cuenca por la autovía A-40 Madrid-Cuenca en dirección Madrid, hasta la localidad de Carrascosa del Campo, todavía manchega. En Carrascosa hay que ver la iglesia parroquial, gótica y renacentista, a caballo entre los siglos XV y XVI. De ahí partiremos hasta Huete, a unos 13 kilómetros. Poco antes de divisar la población entraremos en la Alcarria por su extremo meridional.
La ciudad de Huete, hoy población de dos mil y pico habitantes, sorprende por la historia condensada en sus calles y plazas y por su nutrido conjunto monumental. Rival de Cuenca durante siglos, tuvo Huete más de diez mil habitantes, diez parroquias, numerosos monasterios y una nómina abultadísima de casas palacio. La implosión que sufrió Huete supuso pérdidas en este conjunto, pero lo que ha quedado (que no es poco) es uno de los conjuntos históricos más sólidos y contundentes de la región. Además, Huete tiene que mostrar tres museos (comenzando por el Museo Florencio de la Fuente de arte contemporáneo, más un magnífico museo de arte sacro y un curioso museo etnológico, todos en un puño) y la calidez de sus gentes, repartidas por cierto en dos facciones o banderías (juanistas y quiterios) y dos barrios (San Juan y San Gil), en un curioso exponente de núcleo urbano bipolar. Del cómo y porqué ya les informará cumplidamente cualquier optense, y con todo lujo de detalles. Si no hemos sido muy madrugadores, quizás ya vaya tocando comer. Huete, en este sentido, tiene infraestructura más que suficiente.
Después de Huete, nuestra ruta continúa hacia el norte, adentrándonos en tierras de la Alcarria. La aridez del paisaje se hace extrema, pero dotada de una extraña belleza. Antes de llegar a Buendía, bien merece la pena detenerse en el pequeño pueblo de Garcinarro, donde podremos admirar la monumental iglesia parroquial, renacentista columnaria de maravillosa fábrica y sorprendentes dimensiones. De ahí, unos kilómetros más allá llegaremos a Buendía, población rodeada por el pantano de su mismo nombre.
Buendía, antigua villa condal, nos ofrece restos de murallas y puertas, rincones de no poco encanto y arquitectura popular y señorial, todo bajo la mole descomunal de la iglesia parroquial, fenomenal iglesia-salón de ocho columnas y mil metros cuadrados de superficie de naves (más grande que algunas catedrales españolas). Y como ahora sí que nos hará falta, también tiene Buendía donde comer y holgar sobradamente a cuenta, por ejemplo, de la peculiar y deliciosa gastronomía alcarreña.
Buendía nos ofrece otros recursos en sus inmediaciones. A cuatro kilómetros por caminos en buen estado (bien señalizado), podemos emplear algo más de una hora en un paseo pedestre cuando menos inusual: la Ruta de las Caras. Desde comienzos de los años 90, varios escultores han tallado rostros y figuras de todos los tamaños en los peñones de areniscas de las laderas del Pantano de Buendía. El lugar, boscoso y muy agradable, adquiere un aire místico e irreal con la aparición sorpresiva de estos grandes rostros de temática muy variada, alguno incluso de más de tres metros de altura, repertorio a la vez simpático e inquietante.
Tras la visita, podremos retornar a Cuenca deshaciendo nuestra ruta, o continuar hacia el norte hacia Sacedón (con parada en la presa de Buendía), y de ahí tomar la N-320 Guadalajara-Cuenca.

próximo Publicación

Atrás Publicación

Dejar una contestacion

© 2018 MiraCuenca.net

Tema de Anders Norén